Por: Alexis Ponce, defensor de DDHH
Tras la resolución del Gobierno de no enviar un solo soldado o policía del país a la Escuela de las Américas, analistas de la oligarquía mediática maquillan su historial. A contrapelo de esa ofensiva, reafirmo que esta Escuela usó siete manuales en español de 1987 a 1991 que detallaban la violación permitida de DDHH.
A fines del 2000, el brillante Coronel Gustavo Lalama me dijo: “Algunos oficiales ecuatorianos pasamos por la Escuela de las Américas, pero la Escuela de las Américas no pasó por nosotros”. Por fortuna, la progresista historia militar del Ecuador ha tenido a oficiales nacionalistas como Miguel Iturralde, Carlomagno Andrade, Guillermo Rodríguez Lara, René Vargas Pazzos, Jorge Gross Albornoz, Jorge Brito y otros; y en el ayer histórico, el General Alberto Enríquez Gallo y los oficiales de la Revolución Juliana, que cortó el lazo entre Estado y banca en los treinta.
Lastimosamente, por algunos sí pasó esa Escuela. No me refiero a la estirpe de soldados y oficiales de quienes estoy orgulloso como todo el país lo está; sino a los huasicamas de la potencia extranjera como Mario Pazmiño, denunciado de crear la ‘Legión Blanca’ y pasar información a la Inteligencia de Colombia y USA, antes que a su patria. Pazmiño fue graduado de ‘honor’ en un curso para oficiales de Inteligencia Militar en 1985, año contrainsurgente clave en el Ecuador.
En 2001 estuve en la protesta anual contra la Escuela de las Américas en Georgia; ahí vi a religiosos y laicos norteamericanos cruzar la ‘delgada línea blanca’ pintada en el suelo, con la que militares de EEUU advierten a los osados que, si pasan, serán detenidos y procesados. Pregunté qué tiempo pasan detenidos. “Meses y hasta años” respondieron. A esos ejemplares estadounidenses el Ecuador también rindió homenaje con la decisión del 27 de junio.
Dejada atrás la Escuela de las Américas son necesarias varias acciones con UNASUR y ALBA, pues el tempo histórico apremia, después de los sucesos de Honduras, Paraguay y Bolivia. Algunas de ellas serían:
La creación de la Escuela de Nuestra América, sí es factible. Con formación regional unificada para enterrar a la Escuela de las Américas, debe superar la vieja tesis hemisférica del ‘enemigo interno’, como el Southern Command llamó a los sujetos sociales del cambio regional. Sus sedes podrían estar en Quito, Brasilia, Managua, Caracas y La Paz. China, Rusia y otros países serían potenciales aliados en la formación de la nueva Escuela.
A la par, es necesario formar, y tenemos oficiales brillantes para ello, un Centro Académico Militar de Pensamiento Estratégico Latinoamericano correspondiente a las nuevas corrientes del Sur y al mundo multipolar que se abre paso. Un avance está implícito en la creación del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa de UNASUR.
Estas medidas ayudarían a cortar de raíz el viejo cordón umbilical que nos mantuvo atados al Hegemón, para derrotar conceptualmente a los grupos de poder que intentan torpedear el proceso de transformación estratégica en ese campo. El ‘no va más’ la Escuela de las Américas, es un paso, y muy bueno, en ese andar. Pero hay que dar estos otros. Ese es el desafío.

















Síntesis -análisis.-
El militarismo en todas sus fases solo ha servido en el último siglo para ir en camino de la destrucción de la humanidad derivados de: odios, venganzas, ambiciones económicas, ambición del poder, golpes de estado, totalitarismos, narcotráfico, lavado de dinero, dictadores, y otros factores como destrucción de la capa de ozono y las consecuencias ambientales por la ambición económica de países industrializados.
Ya estamos viendo los resultados apocalípticos de este comportamiento. Salvemos a la humanidad a tiempo a través del consenso mundial en la ONU poniendo como bandera de lucha la justicia social basada en la justicia divina.