Ya la ciudadanía guayaquileña ha superado el periodo prueba para comprender que la pugna entre alcalde y gobierno no ha sido fructífera y que mucho más se hubiese desarrollado la ciudad de Guayaquil, si hubiese contado con un alcalde gobiernista, que trabajara en concordancia con los planes de desarrollo emprendido desde la presidencia.
La idea de que sólo la privatización de las instituciones públicas y del servicio de atención podría ser la única alternativa para que funcionen bien, se ha ido desgastando poco a poco; hoy la credibilidad de la administración pública bajo el gobierno de Rafael Correa ha ido recuperando su eficiencia muy notablemente, aun faltan mejorar algunas áreas, si es cierto, pero cambiar una estructura deforme anclada en el interés personal, obviamente cuesta mucho.
Una de las acciones estratégicas para combatir la plaga de la corrupción es receptar los comentarios y denuncias de los ciudadanos y visitar periódicamente a las instituciones que denotan todavía señales de corrupción. Porque todavía muchos funcionarios y servidores públicos de mandos medios, no están verdaderamente comprometidos con los objetivos de la Revolución Ciudadana.
Las permanentes visitas a las instituciones privadas y la destitución de quienes se han desviado de las políticas sanas de una buena administración pública, han dado excelentes resultados que la ciudadanía comprendió que ya no sólo los pelucones son los únicos capaces de administrar la ciudad de Guayaquil. Esa es la causa del creciente apoyo al presidente Rafael Correa.